Cómo se descubrió el GHK-Cu
El GHK-Cu no se diseñó en un laboratorio. Se encontró por casualidad mientras un investigador se preguntaba por qué el tejido viejo se comporta de forma distinta al joven.
Una pregunta sobre la sangre envejecida
A principios de los años setenta, Loren Pickart estudiaba por qué el tejido hepático de personas mayores se comporta de forma distinta al de personas jóvenes. Según sus relatos posteriores, el tejido viejo expuesto a plasma de personas más jóvenes producía proteínas más parecidas a las del tejido joven, y él atribuyó parte de este efecto a un pequeño factor del plasma. En 1973, Pickart y su colaborador lo describieron en Nature New Biology como un tripéptido que mantenía vivas más tiempo las células hepáticas normales. El título del mismo artículo señalaba que también estimulaba el crecimiento de células de tumor hepático.
La conexión con el cobre
Al purificar el péptido, el equipo de Pickart vio que aparecía una y otra vez junto al cobre. En 1980 publicaron en Nature que el tripéptido forma fácilmente un complejo con el cobre(II) y ayuda a las células de cáncer de hígado en cultivo a captar el metal. Señalaron que su estructura se parece al sitio de transporte de cobre de la albúmina. Un estudio de 1982 describió después cómo se sujeta el cobre en solución.
Colágeno y heridas
A finales de los años ochenta, François-Xavier Maquart y sus colegas de Reims, en Francia, observaron que el GHK-Cu aumentaba la producción de colágeno por los fibroblastos a concentraciones extremadamente bajas. En 1993 el mismo grupo mostró que inyectarlo en pequeñas cámaras de herida bajo la piel de ratas aumentaba la acumulación de colágeno y de otros componentes del tejido conectivo.
Hacia el cuidado de la piel
En las décadas siguientes, el GHK-Cu pasó a productos comerciales para la piel y el cabello con el nombre de copper tripeptide-1, y el propio Pickart dirigió más tarde una empresa de investigación en cosmética. Gran parte de la evidencia positiva en piel humana procede de revisiones de su grupo y de estudios financiados por empresas.
La era de los datos genéticos
En 2012, un equipo de la Universidad de Boston, la Universidad de la Columbia Británica y Groninga utilizó una gran base de datos sobre los efectos de fármacos en los genes, llamada Connectivity Map. Descubrieron que el GHK podía revertir un patrón de actividad génica asociado al daño pulmonar del enfisema. Esto reavivó el interés por el péptido más allá de la cosmética, aunque sigue siendo un hallazgo de laboratorio.